Les cerraron las puertas por la cara y nosotros cargamos con la culpa
2020-10-15 - Locales
Más de 100 años atrás, dos poblados, uno llamado “Paraje Punta Porã” y el otro “Ponta Porã”, el primero territorio paraguayo que más adelante, en el año 1901 pasó a llamarse Pedro Juan Caballero, y el otro, en territorio brasileño que felizmente conservó su nombre, comenzaron a crecer juntos en medio de una frontera imaginaria, físicamente inexistente, a través de un denominador común llamado Yerba Mate, que a su vez generó otra actividad económica que perdura hasta nuestros días, y que por más que lo intenten, no morirá jamás; el comercio.
Les cerraron las puertas por la cara y nosotros cargamos con la culpa

Así crecieron estas dos ciudades “siamesas”, unidas por un solo cordón umbilical, dependiendo siempre una de la otra. Por un lado el interés de unos por adquirir productos importados de Europa, y por el otro el interés por los productos fabricados por la otra parte. Y a no olvidar la atención médica recíproca, médicos paraguayos atendiendo a brasileños y médicos brasileños atendiendo a paraguayos, aparte de eso las inocentes peleas, como siempre ocurre entre hermanos en las mejores familias, pero unidos cuando extraños quieren invadir sus territorios.

Escribir la historia en común de estas dos ciudades va a llevar mucho tiempo, aunque si debemos mencionar que la unión de varias culturas, formó una sola, la “cultura fronteriza” donde cada brasileño tiene uno o más parientes paraguayos y cada paraguayo tiene uno o más parientes brasileños, y fueron ésos parientes los que fueron separados por un bien llamado “muro de la vergüenza”, la puerta imaginaria que le cerramos a nuestros hermanos en la cara, aunque no hayamos sido nosotros, porque en la retrógrada y ventajista mente de los gobernantes paraguayos  (¿qué gobiernan si son ellos los gobernados?); los brasileños, nuestros hermanos brasileños, iban a infectarnos a todos con el Covid 19, y 8 meses después pregunto, ¿cómo estamos?, ¿acaso nos infectaron o es que un simple alambre de púa y unas cubiertas usadas hicieron las veces de vacuna anti Covid 19?, ¿estamos todos infectados acaso y ellos todos a punto de morir?, pero por favor, estamos en las mismas condiciones que antes, solo que sin trabajo y con pocas esperanzas de recuperación, y una vez más, estamos dependiendo en gran medida de lo que puedan venir a comprar aquí los brasileños, total, parece ser que ya no nos van a “infectar” más. Tremenda bofetada les dieron por nosotros, pues sin haber movido un dedo, no nos queda otra que pedirles perdón por el pecado que otros cometieron.

No debemos permitir que nunca más, sería lo más sensato y razonable, que se ofenda de esa forma a nuestros hermanos, aunque entre nosotros nos trencemos a golpes y a veces insultos, pero es nuestra pelea, nuestra frontera, nuestra cultura “fronteriza” y de nadie más, y entre nosotros podemos  arreglarnos, pues, aunque vivamos unidos al “Gigante de América” o por la “Propia Naturaleza” como reza un párrafo de su Himno Nacional, siempre acabamos dependiendo uno del otro, y seguiremos haciéndolo, uno más que el otro tal vez, pero siempre pasándonos la mano, tomando “um  café bem quentinho ” o refrescándonos con un “tereré roysã porã”.

Así siempre fuimos en esta frontera y seguiremos siendo, y no habrá alambres de púa, cubiertas usadas, barreras de madera y militares armados hasta los dientes que nos puedan separar, porque en vez de hacerlo nos fortalecieron más en nuestro espíritu, pues mientras uno de los dos caiga, el otro siempre lo levantará. Hoy nos tocó caer, pero felizmente tendremos la mano amiga que nos levante, la mano que nos devolverá, muy a pesar nuestro, bien por mal.

Gracias Ponta Porã por comprender, y perdón por la vergüenza ajena que otros nos hicieron pasar.

Alejo Alfonso Mendieta   

 



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